miércoles, 22 de noviembre de 2017

Por trece razones

Hemos estrenado Netflix viendo del tirón la serie "Por trece razones", basada en la novela Thirteen Reasons Why de Jay Asher



Había leído mucho sobre la serie y tenía ganas. Además la temática juvenil, si está bien hecha, me gusta.

La serie trata sobre una joven de instituto, Hannah, que se suicida y graba siete de cintas de cassette, una cara por cada persona que ha hecho que ella termine con su vida. Envía las cintas a las personas que participan en cada historia, entre las que está el protagonista, Clay Jensen, amigo enamorado de ella, que tarda en comprender por qué él recibe las cintas.
A mi también me ha costado entenderlo, la verdad, y de hecho he tardado en empatizar con Hannah, aunque creo que el motivo por el que ocurre eso es por algo que finalmente te hace pensar: no da el perfil de víctima.

Hannah es una chica de diecisiete años, guapa, lista, que toma malas decisiones, que sufre por cosas habituales entre jóvenes y adolescentes. Ella misma trata a algunos de sus compañeros como no quiere que la traten a ella.
Pero la historia se va volviendo más dura, va consiguiendo que te pongas en su piel y llegues a entenderla.
No sé si recomiendo la serie, porque me ha resultado triste, dura, por ratos se me ha hecho hasta pesada (creo que debería tener menos capítulos). Pero tiene una cosa muy buena, y es que te hace pensar.

A mi personalmente, lo que más me ha aterrorizado de la historia es lo ajenos que están los padres a todo lo que les pasa a sus hijos. Y hablamos de familias normales, con vidas normales, que hablan, que se supone que conocen a sus hijos, como lo pensamos todos.

Hay una escena especialmente terrible, una de las amigas de Hannah, ha tenido una experiencia horrorosa .........(SPOILER: sin dar muchos detalles, pero hablamos de violación y de alcohol)....
está en la mesa cenando con sus padres y hermanos, sonriente, el padre pregunta qué tal en el equipo de animadoras, ella contesta que fenomenal, sigue preguntando a los hermanos pequeños... En fin, una escena familiar típica y reconocible.
Los padres y los hijos están en planetas distintos que solo conectan para cosas triviales como desayunar, cenar y hablar de temas sin importancia. Ninguno de los padres tiene ni idea del sufrimiento de sus hijos, de los errores que están cometiendo, de si están siendo realmente malos con sus compañeros. Terrorífico. Lo mismo ocurre con los profesores, que también están de forma grotesca delante de todo lo que está pasando y obviándolo o pasando de puntillas sin marcharse con el barro.

En cualquier caso, como no soy profesora y sí soy madre, me ha dolido más el papel de los padres en la historia, porque además me parece muy realista.

Me ha hecho pensar mucho, y yo también llevaba a los 15, 16, 17 años una vida muy al margen de lo que mis padres conocían. Ojo, que no hablo de nada grave, fui una buena chica con suerte. Pero lo que es cierto es que mis padres no eran mi medio conscientes de mis verdaderas preocupaciones, de mis enfados, de mis enamoramientos y de mis primeras veces en cosas importantes de la vida.

Creo que lo mismo me está pasando con mi hija mayor, que este verano ha hecho 14 años. Ella sigue comportándose como siempre la mayor parte del tiempo, pero a veces me siento ajena a su vida. Cambia de amigas y ni me entero. Un día está de genio y nos trata sin respeto, sin motivo aparente que yo conozca.

Por una parte es cuestión de falta de tiempo, porque entre el trabajo, la pequeña y sus necesidades, los mayores con sus horarios de baloncesto, ballet, deberes... Es cierto que no hay demasiadas horas de convivencia de verdad. Pero aunque las hubiera, no tengo claro que ese abismo entre lo que vive un adolescente y lo que perciben sus padres, no se siguiera produciendo.

Si habéis visto la serie o leído el libro, me gustaría saber vuestras opiniones, porque tengo sentimientos encontrados...

viernes, 10 de noviembre de 2017

Una buena noticia y un susto muy gordo

En los últimos días hemos tenido una gran alegría ya que mi hermana ha tenido a su primer hijo, un niño precioso y sano. Ya tenía sobrinos por parte de mi marido pero es la primera vez por parte de mis hermanos. Es emocionante y estoy como loca de contenta por mi hermana y por esa preciosura de sobrino que tengo.

Pero en la mitad de la alegría, mi madre nos ha dado un susto muy gordo. Ya han pasado cinco días y todavía lo estoy digiriendo, así que lo voy a contar para sacarlo fuera.

El Domingo pasamos el día en familia en casa de mis padres. A última hora de la tarde mi padre se fue a llevar a mi hermano al AVE porque se volvía a Barcelona, mi hermana y yo, nos fuimos con los nuestros a nuestras respectivas casas.
Al poco de llegar a mi casa, me llama mi madre con voz muy rara y nerviosa, y me dice algo así como que localice a mi padre, que se ha hecho un corte muy profundo, que la están auxiliando los vecinos, han llamado una ambulancia y que no quiere que mi padre se asuste al llegar.

Os imagináis que me quedé en shock, llamé a mi padre, y me eché corriendo a la calle para volver a su casa. Por el camino como había mucho atasco volví a llamar. Tengo grabadas las palabras de mi madre: "Ay hija, qué disgusto os voy a dar, pero igual me muero porque he perdido mucha sangre y me encuentro muy mal".

Los nervios que pasé hasta llegar a su casa no os lo podéis imaginar. Creí que no llegaba a tiempo ni de despedirme de ella. Me sentí impotente, huérfana, asustada, incapaz de recordar si ese día la había besado al despedirme y con mil recuerdos de ella agolpándose en mi cabeza.

Al llegar a su casa me encontré la ambulancia enfrente de su portal. En el hall de su casa estaba ella sentada en una silla, con un gran charco de sangre debajo y cuatro personas del Samur a su alrededor. Uno le limpiaba la sangre de la cara, otro ponía una vía, otro un torniquete y vendaje...

El accidente fue de lo más tonto. Se le escurrió una copa, y en un acto reflejo, para que no cayera al suelo, la intentó sujetar contra el mueble clavándosela en el brazo. Por la cantidad de sangre que había en suelos, paredes, ropa..., allí mismo ya me dijeron que se debía haber cortado una arteria.
Cuando ella vio que le resultaba imposible parar la hemorragia salió al descansillo a pedir auxilio y sus vecinos, una pareja jovencita, fueron sus primeros salvadores.
Estaré eternamente agradecida a su rápida reacción. Mientras ella le taponaba la herida con un trapo, él llamaba al 012.
Los segundos salvadores, fueron los de la UVI móvil. No solo fueron eficientes sino además encantadores, transmitiéndonos tranquilidad en todo momento y con una actitud muy cariñosa.
Mi madre dice que ella se relajó cuando me vio. Parece ser que yo me mostré muy sonriente y la decía que no se preocupara que todo iba a salir bien, que sacaban adelante casos peores. Se ve que soy la mejor actriz del mundo, porque yo lo que tenía era mucho miedo, pero simplemente no quería asustarla a ella.

Recuerdo que mi madre temblaba como un pajarillo y no hablaba bien.
Una vez estuvo estabilizada, la llevaron en la ambulancia al hospital y yo les seguí en un taxi. Mi padre reaccionó fatal, el pobre, y le dejamos en casa. No era capaz de encontrar ropa de mi madre en el armario, ni de limpiar la sangre... estaba desbordado por la situación. Hizo justo lo que le dije que no hiciera: llamar a mis hermanos. ¿Para qué asustarles si ya estaba yo al cargo?, qué rabia de verdad. Porque además, la una con un bebé recién nacido y el otro en el tren, que no podían hacer nada. Pero no se lo tendremos en cuenta, porque el hombre estaba tan bloqueado que no daba pie con bola.

En el hospital le hicieron análisis, radiografías, y al abrir el vendaje volvió el sangrado, así que decidieron subir a quirófano, donde la abrirían estando anestesiada y con más medios, que en urgencias.
La tuvieron varias horas y ahí ya llegó mi padre. Estuvimos los dos solos en una salita, nerviosos, esperando hasta que salió el cirujano a contarnos: se había cortado dos tendones, un nervio y una arteria. Pero por suerte, la cirugía fue un éxito y ahora solo queda que se recupere poco a poco.

La han dejado el brazo escayolado hasta la mano, para que una todo una bien, y así estará mínimo tres semanas. Luego tendrá que hacer rehabilitación, pero esperan que recupere la movilidad, aunque es posible que pierda la sensibilidad en tres dedos. Mi madre está contentísima de que eso sea todo, ahora mismo la sensibilidad en los dedos le parece pecata minuta para lo que podía haber sido. Y tiene toda la razón.

Cuando pasan estas cosas, te das cuenta de que lo que de verdad te importa es la felicidad y la salud de los tuyos. Te hace más consciente de la fragilidad del ser humano y de nuestras vidas. Más consciente de que todo puede cambiar en cuestión de segundos.
Tenemos que tenerlo más presente, para no caer en el desánimo. Hay que celebrar la vida, apreciar cada momento y dedicarnos a lo que de verdad es importante.

Yo solo espero que me duren estos aprendizajes, y que el día a día, no me lleve de nuevo a la rutina cegadora de lo que de verdad es importante.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Primeras impresiones del inicio escolar

Ya han pasado dos semanas desde que empezaron las clases. Para los dos mayores, curtidos en estas lides, sin novedad. Lo tienen controlado, van contentos, y por ahora todo en orden.

La gran novedad este año ha sido la pequeña de la casa, que ha empezado el colegio de mayores a sus dos años y nueve meses.
El primer día me lo cogí de vacaciones para poder llevarla y recogerla. Iba contenta, relinda con su vestidito, pero cuando ya estábamos casi llegando dijo: qué bien lo vamos a pasar hoy las dos en el cole. Ups, error de concepto, ella pensaba que yo iba a estar allí con ella. Pequeña decepción al enterarse de que nones, pero bueno, se quedó bien y sin llorar.

Al salir de clase se la veía sonriente y volvía contenta a casa:
- entonces lo has pasado muy bien, cómo me alegro
- sí, pero mañana no vuelvo

Con un día la criatura daba la experiencia escolar por zanjada y superada.

Al día siguiente amaneció diciendo que prefería ir al parque que al cole, pero cuando vio que tocaba cole, lo aceptó sin lágrimas.

Así ha sido cada día. No está loca por ir, pero lo lleva bien. Su mayor preocupación son las filas, varias veces al día pregunta por qué hay que ir en fila, que ella prefiere "caminar normal". Poco más se de lo que hace allí, porque cuenta entre poco y nada. Las conversaciones son de esta guisa:

- ¿Qué tal en el cole, qué habéis hecho?
- Nada, solo vamos en fila de aquí para allí. Vamos a hacer pis todos juntos en  fila, vamos al recreo en fila... Y ya.

O cuando le pregunto por los compañeros, las opciones son:
- se llaman Johny el gorila, Mun y Ash el cerdito
o bien
- tengo un amigo que se llama Niño

Si le pregunto un poco más sobre sus compis de clase solo dice que son buenos pero que roban mucho. Parece ser que se quitan unos a otros los juguetes que tienen en clase y ella lo ve en el límite del código penal.

Así que bueno, las cosas van bien, dentro de lo que cabe. Eso sí, ya está con tos. Malditos virus infantiles, y malditos contagios. Como es una niña sana con las defensas fuertes, espero que no pase de tos y catarro. Más que espero, rezo, cruzo los dedos y me encomiendo a todo. Porque recuerdo el primer año del Niño que estuvo todo el curso malo y fue horrible. La niña mayor sin embargo no estuvo nunca mala. Con que ésta desempate en un punto intermedio, me conformo.

Besos y feliz fin de semana


martes, 5 de septiembre de 2017

La pequeña empieza el colegio

La pequeña de la casa empieza el cole. El de los mayores. GLUB.

Casi estoy terminando de asimilar este embarazo, y ZAS!, escolarizada.

De verdad que no es frase hecha que el tiempo vuela. Por lo menos el tiempo en palabras mayores, los meses, las semanas... Porque los minutos del microondas viendo el platito girar, son eternos. Pero en fin, que me disperso, este Lunes empieza en el mismo colegio al que van sus hermanos. Le hablamos mucho del tema, y ella encantada con la idea, básicamente porque no tiene ni idea de lo que implica la idea. Cuando vea de verdad que tiene que madrugar y estar en el aula compartiendo espacio con profe y niños, un día tras otro, veremos a ver cómo lo lleva.
La hermana le preguntó el otro día que qué es lo primero que va a hacer cuando llegue a clase, y ella muy digna contestó: descalzarme.

Veremos a ver este espíritu libre, que lleva meses descalza, despeinada y casi en pelotas, como se reconduce a la vida escolar. Además, al haber nacido en Diciembre, será de las más pequeñas de clase.
Voy a escribir aquí algunas de las últimas anecdotillas con ella. Ya da material para escribir entradas como en su momento dieron sus hermanos, pero me puede la pereza... Al lío:

- El sábado pasado nos fuimos a pasar la mañana a la sierra de Madrid. Ella iba viendo vacas por la ventana y de pronto dijo emocionada: "qué monas las vaquitas, están haciendo un pink". Un pink para ella es un picnic. Las vacas de picnic. Me encanta

- Ella es muy fan de descalzarse, como ya sabe cualquiera que la haya visto o leído sobre ella. El otro día estábamos en Parque Europa, y cuando terminaron de decir las normas del parque por megafonía me preguntó muy seriamente: "¿Han decido que no puedo descalzarme?". (decido = dicho, ella todos los verbos los hace regulares: ponido, decido, rompido etc.).
El caso es que perdí una oportunidad de oro, porque me hizo gracia y la dije que no. Pero tenía que haber mentido y decirle que sí, que exactamente eso es lo que habían dicho, y que solo podía descalzarse en casa.

- La niña tiene pinta de angelito, porque además a su aspecto idealoso de niñita de 2 años y 9 meses, se junta que de natural es buena y dulce. Pero su carácter lo tiene para las ocasiones. Lo que más me impresiona es lo poco que la imponen otros niños, y lo segura que se muestra de sí misma. El otro día cruzó dos palabras con otra niña en el parque, y la vi que se quedaba seria, mirándose las manos como pensativa
        * Almudena, ¿qué te pasa? ¿te ha pegado la niña?
        * No. Pero yo quiero pegarle a ella
Un testigo ocular y auditivo fiable (concretamente mi hijo el mediano), me dijo que la niña la preguntó la edad. Cuando mi peque contestó que dos años, la otra respondió displicente, que ella era mayor porque tenía cuatro y no quiso jugar con ella. La dejó allí plantada sin ser consciente de que se estaba tomando la decisión si arrearla una guantá o no.

En más ocasiones la he visto comportarse así. No es de pegar, pero si la ocasión lo merece... De hecho más de una vez cuando un niño la ha empujado, o quitado a la fuerza algún juguete, ella me ha mirado tranquila y ha preguntado con su cara de ángel: "mamá, ¿puedo pegarle?". Y tengo la certeza de que si mi respuesta hubiera sido que sí, el niño habría recibido un buen remazo. 

sábado, 5 de agosto de 2017

Resumen del último mes: vacaciones, lecturas, hijos...

Hace mes y medio que no paso por aquí. Así que voy a intentar poner un poco esto al día.
En Junio ya os conté que pasaba mis días entre mañanas agobiantes de oficina en el nuevo puesto, y tardes-noches relajantes de piscina y familia.

Después de eso nos fuimos de vacaciones las tres primeras semanas de Julio.
Siempre he dicho que tengo el don de vacacionar, siempre fluye todo divinamente estando de vacaciones.
Este año ha habido pequeños percances de esos que por un momento te hacen pensar si has perdido el don. Pero no, ha sido más lo bueno que los pequeños incidentes.

Del 1 al 13 estuvimos en el sur, llevamos muchos años yendo al mismo sitio y a la misma urbanización, así que como ya os conté el año pasado, los dos mayores tienen allí muchos amigos y lo pasan fenomenal. Todos disfrutamos mucho de días de playa, paseos, baños, salir a cenar al pueblo... Una delicia. A los dos mayores les vi poco el pelo, se pasaban el día con los amigos.

Mis hijos con dos amigas de las que ven cada verano. La pequeña siempre como un pegotito acoplada al grupo


Del sur salimos rumbo a Galicia, atravesando Portugal, en un viaje de más de siete horas, pero que al hacerlo después de días de vacaciones, se lleva mejor.

En Rías Baixas también fenomenal. Mucho de comer rico, estar con la familia. juegos de primos, baños en agua helada...

 





Algunos de los incidentes durante las vacaciones:
- la pequeña estuvo con diarrea y fiebre tres días seguidos. Igual que llegó, se marchó, pero en el durante fue bastante agobio.
- la mayor tuvo reacción alérgica a las picaduras de mosquitos de Huelva. Con antihistamínico se controló bien.
- el niño tuvo un impétigo en la piel que requirió antibiótico y no bañarse varios días.
- yo me caí contra un plástico de silla roto, y me hice herida y morado en todo el culete, justo el día antes del viaje Huelva-Galicia.
- se me rompió una muela comiendo arroz. Nunca dejaré de asombrarme de la mala calidad de mi dentadura. La Mayor ha empezado a decir que se va a ser dentista, porque muchas herencias se saltan una generación, así que si sus hijos heredan la boca de sus padres, le merece la pena ser dentista.
- la pequeña tuvo una caída tonta pero no podría mover el brazo. Ella misma decía: lo tengo un poco roto y un poco irritado. Así que me imaginé las vacaciones con la niña escayolada. Pero finalmente, tuvimos paciencia, esperamos unas horas poniendo hielo y distrayéndola, y volvió a moverlo con normalidad.

Ahora mismo no recuerdo más, pero no descarto que algo más pasase. Nada grave, pero sí un poco incordio, sobre todo porque no estamos acostumbrados a tanta cosa.

En cualquier caso, las tres semanitas de vacaciones estuvieron genial y disfrutamos mucho.

En esas semanas me leí Patria de Fernando Aramburu. Al principio me costó un poquito entrar en la forma de escribir del autor, incluso pensé que no era libro para leer en la playa. Pero en seguida entré en la historia y me ha gustado mucho. Trata el conflicto vasco a partir de la historia de dos familias: la que es víctima de ETA y la que tiene un hijo etarra. A partir de los personajes, que van contando su propia historia, sus sentimientos y sus vivencias, consigue ponerte en la piel de todos ellos y entenderles, aunque no compartas sus decisiones o actitudes.

Todos somos el resultado de nuestro entorno, de la educación recibida, de las experiencias que nos toca vivir. Pensamos que hay más objetividad en nuestras decisiones o en qué partido tomamos ante de un determinado hecho, de la que realmente hay. En este libro los personajes son fruto de sus circunstancias, que les llevan por un camino u otro.

Y volviendo a mi resumen del último mes: volvimos a Madrid el 23 de julio, y desde ese día, volvimos a la rutina trabajo-piscina.
Los mayores muy adolescentes, la pequeña muy comestible, y poco más que contar.

Un beso y feliz verano

lunes, 19 de junio de 2017

Macondografía de Matt

Esta es una entrada programada para avisar de que el amigo Chema, del blog Bitácora de Macondo, publica hoy una larga serie de preguntas que me ha hecho, a las que llama Macondografía.

Yo leía estas entrevistas en su blog, cuando todavía no le seguía a él, porque hizo a muchos de mis blogueros más queridos.
Soy una rancia que te cagas para ampliar mi lista de lectura de blogs. Así como los primeros años en el mundo bloguero era de dedo fácil a la hora de seguir, enseguida me acomodé y me cuesta añadir nuevos.
Aunque a Macondo ya hace tiempo que le sigo, me arrepiento de no haberlo hecho mucho antes, porque da gusto leerle. Desprende ingenio y humanidad en sus letras, y se le coge cariño rápido.

Estoy emocionada porque haya pensado en mi. Solo espero no decepcionar, porque como ya le dije cuando le envié el cuestionario, me parece que ha quedado muy soso. En mi defensa: son muchas preguntas y no quería entretenerme demasiado en cada una, para que no se haga interminable. Y en mi defensa más sincera: no doy pa´más.

En fin, os animo a pasaros por su blog y espero que consigáis terminar de leer la entrada.

¡Mil gracias, Macondo!

sábado, 17 de junio de 2017

Temporada de calor y piscina

Está haciendo tanto calor, que es como una prueba de fuego que nos manda el cambio climático a los amantes del verano. Es un: ¿no querías caldo? pues toma taza y media, en toda regla.

Siempre digo lo mismo, me gusta el verano por todo lo que acompaña a esta época del año, pero el calor en cuanto sube de 30 grados centígrados me resulta insoportable.
En Madrid llevamos una semana de máximas de 38 y mínimas de 23, o lo que es lo mismo, no refresca en ningún momento del día. Nosotros vivimos en el centro de Madrid, lo cual tiene muchas ventajas en el día a día, porque tenemos trabajos y cole cerca, no necesitamos coger el coche para nada, y contamos con todo tipo de servicios y ocio al lado de casa. PERO, siempre tiene que haber un pero, el calor se lleva muy mal en el epicentro del asfalto.

Salgo de casa a las siete y media de la mañana y ya hace calor. No os cuento lo que hace cuando salgo de la oficina a las tres. El paseo de cinco minutos hasta la parada del bus es como una caminata por el desierto rodeada de dragones echando fuego, aka los coches y salidas de aire acondicionado de los edificios.

Pasamos la tarde en la piscina, todas las tardes hasta el inicio de la noche, no hay otra.
Me encanta ir a la piscina, y menos mal, porque realmente no hay otra opción de pasar la tarde con los tres torpedos sin perder la cordura. Los primeros diez minutos sigo como en shock térmico, con la mirada perdida en los baldosines del fondo de la piscina y debatiéndome entre la vida y la muerte. Pero cuando recupero las constantes vitales, la cosa mejora.

Ya os he hablado más veces del club al que vamos invierno y verano, ya sea a pasear, a jugar al tenis o a bañarnos en la piscina. Somos afortunados de tenerlo, porque con este calor extremo y tres hijos, la vida sería mucho peor sin nuestra ración de piscina, césped, arboles y frescor al caer la noche.

Conste que este año me cuesta más rascar mis queridos momentos de estar a la sombra, recién salida del agua, leyendo un libro. Como es el sexto verano que escribo este blog, ya os he hablado más veces de mis queridos momentos lectores-piscineros.

Cuando Almudena era más bebé, era fácil engañarla con algún juguete y dejarla sentadita en su silla, o durmiendo la siesta. Y antes de que naciera, los dos mayores ya tenían autonomía como para estar jugando en el agua y yo leyendo, aunque les echara un ojo de vez en cuando.


Pero este año, la terremoto de dos años y medio, me está poniendo difícil mis momentos de evasión. Cuando el padre viene, nos vamos turnando y sí tengo mis ratos, pero en cualquier caso, menos de los deseados y necesarios.
No se la puede perder de vista, porque es demasiado intrépida. Corre por el borde de la piscina, pega grandes tragos del agua con cloro que luego la dejan la tripa fina catalina, y la última: va en patinete de una punta a otra, a toda velocidad. Es para verla, en bañador, descalza, y con su patinete a todo trapo.




Cuando se pone el sol es cuando mejor se está allí. Esa luz del final del día me encanta, el frescor, los ruidos propios del campo (pájaros, cigarras...). Me parece una delicia. Nos solemos quedar allí a cenar un sándwich o un bocadillo, un ratito de relax y vuelta al asfalto.

En casa estamos teniendo que dormir con el aire acondicionado puesto. Por cierto, aprovecho a hacer un llamamiento desde aquí a centros comerciales, cines, corte ingleses y demás: existe la posibilidad de regular la temperatura del aire acondicionado. Atención, no es necesario que esté a quince grados. Se puede poner a veintitantos y en modo quiet. Comprobado porque es lo que hago en mi casa y da una temperatura confort total.

Pues nada más por hoy. Besos calurosos para todos